Venezuela celebra el Día del Abogado sin justicia, sin seguridad jurídica y sin bien común

 ¿Feliz Día del Abogado?

 

Paradójicamente hoy celebramos el Día del Abogado sin justicia, sin seguridad jurídica y sin bien común

 

Desde hace 45 años Venezuela celebra el Día del Abogado todos los 23 de junio, fecha decretada en 1972 durante el primer período presidencial del fallecido expresidente Rafael Caldera, a petición de la Federación de Colegios de Abogados.  

 

La fecha se designó en honor a Cristóbal Mendoza, hombre probo y sin tacha nacido en la ciudad de Trujillo tal día como hoy del año 1772. A lo largo del ejercicio de su profesión hizo honor a la etimología de la palabra abogado que en latín “advocatus” significa ir en auxilio de quien así lo solicite –“ad auxilium vocatus”– y, consciente de su juramento, se desempeñó con austeridad, honradez y justicia. En 1811 formó parte del Triunvirato del Poder Ejecutivo que gobernó a Venezuela, en el que compartió responsabilidades con Juan Escalona y Baltasar Padrón, y, al ser el primero en ejercer la máxima magistratura, le corresponde el título de primer presidente de nuestro país. Ostenta, además, la honra de haber firmado el Acta de la Independencia.  [1]

 

Remembrada la historia, vale la pena aprovechar la oportunidad para revisar el significado de ser abogado, la gran responsabilidad que esta carrera comprende dentro de la sociedad y las repercusiones que trae consigo cuando no se ejerce correctamente, bien sea como litigante, como Fiscal del Ministerio Público o como Magistrado, por citar algunos… 

 

El abogado es el que ejerce permanentemente la abogacía. Los demás serán solamente licenciados en derecho, pero nada más; así lo describe Ángel Ossorio y Gallardo en su muy conocida obra, El Alma de la Toga, cuya primera edición fue escrita en el año 1.919, y continúa siendo una obra de gran interés para jueces, abogados, profesores y estudiantes de derecho. A pesar de los años transcurridos desde su primera edición, mantiene –increíblemente- su vigencia, y es reconocida como un verdadero clásico de la literatura jurídica, de lectura obligatoria.

 

Sin embargo, y con motivo del Día del Abogado y en virtud de la grave crisis de “ausencia de justicia” que hoy vivimos y padecemos en nuestro País, creo que es más conveniente transcribir los “Mandamientos del Abogado” del gran jurista Uruguayo Eduardo Couture, con la finalidad de reforzar, proteger y salvaguardar la moral y la integridad del abogado, imponiendo con ello un conjunto de valores que consagran la ética profesional del individuo, como los tres grandes valores del derecho: la justicia, la seguridad jurídica y el bien común que hay que rescatar:

 

La justicia, que aun cuando existe como ordenamiento jurídico -pues posee los mecanismos idóneos de que goza una sociedad para garantizar el cumplimiento de ese derecho- no funciona como ideal, puesto y aunque el hombre y el derecho mismo quieren que se haga justicia dentro y entre los hombres que habitan en una sociedad jurídicamente organizada, ello no ocurre.

 

De otro lado, la seguridad jurídica que es la garantía dada al individuo, de que su persona, sus bienes y sus derechos no serán objeto de ataques violentos, y si éstos llegaren a producirse la sociedad les asegura la protección y la reparación [2], no sucede así sino todo lo contrario, cuando se ataca progresiva e indiscriminadamente el derecho a la vida, a la integridad personal de las personas y sus bienes, incumpliendo el Estado con su deber de garantizar a sus ciudadanos, que su persona, sus bienes y sus derechos no le pueden ser quebrantados jamás, y que si por alguna casualidad, esos bienes, esa persona, o esos derechos le son violentados, el Estado le debe garantizar la reparación; no obstante, es política de Estado negar la violación sistemática de derechos fundamentales y por ende su reparación.

 

El bien común es el resultado del bien individual. Consiste simultáneamente en el bien de la sociedad y en el de los individuos en cuanto a partes integrantes de esa sociedad. Es un conjunto organizado de condiciones sociales gracias a los cuales la persona humana puede cumplir con su destino natural y sobrenatural. [3]

 

Pero para lograr el bien individual y el bien común, necesitamos recuperar a la familia como núcleo fundamental de la sociedad, y reestructurar su formación desde el punto de vista moral, afectivo, económico, etc. El problema es que el Estado ya no ve a la familia como una institución fundamental para formar una buena sociedad. 

 

Es por todo lo anteriormente expuesto que considero que hoy más que nunca, hay que ejercer la abogacía de manera permanentemente, como bien lo expresa Ángel Ossorio y Gallardo y aplicar –literalmente- esa máxima que nos enseña que el abogado no vale por lo que sabe, sino por el ingenio y la capacidad de utilizar todos los conocimientos a su favor [4], es decir, ser más astutos y entender de una vez por todas, que en nuestro País “todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla” [5], al igual que tenemos que entender que no todo está perdido, porque “si tenemos la fuerza, nos queda el derecho” [6].

 

Espero que lo disfruten y que a su vez les sirva de guía y de incentivo para aquellos que hoy luchan por el rescate de nuestra democracia, para aquellos que no han despertado, para aquellos que han perdido el interés y el amor por el País y por esta apasionante carrera, para los que hoy se preparan -a duras penas- en nuestras Universidades y para los que recién se inician en este difícil pero maravilloso mundo de la abogacía.

 

 

“Mandamientos del Abogado”

Eduardo Couture

 

Ama a tu profesión: Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que se haga abogado.

 

Estudia: El Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado.

 

Lucha: Tu deber es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la Justicia, lucha siempre por la Justicia.

 

Olvida: La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

 

Piensa: El Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.

 

Sé leal: Leal con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú le dices; y que, en cuanto al Derecho, alguna que otra vez, debe confiar en el que tú le invocas. Intenta ser leal con todo el mundo y todo el mundo intentará ser leal contigo.

 

Ten fe: Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho; en la Paz, como sustituto bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la Libertad, sin la cual no hay Derecho, Justicia, ni Paz.

 

Ten paciencia: El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.

 

Tolera: Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.

 

Trabaja: La abogacía es una dura fatiga pues está al servicio de la Justicia.

 

¡Feliz Día a todos mis apreciados colegas y a los futuros abogados también!

 

© Marco Antonio Rodríguez-Acosta, 2017

 


 

Fuentes:

[1] El Universal

[2] EGAÑA, Manuel Simón. “Notas de Introducción al derecho”. Editorial.- Criterio 1984. Pp. 58-62

[3] ibídem Pp. 58-62

[4] Anónimo.

[5] Stanislaw Lec (1909-1966). Escritor polaco de origen judío.

[6] Víctor Hugo (1802-1885) Poeta Francés.

 


 

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